viernes, diciembre 08, 2017

La belleza como búsqueda*

Libre de argumento me dejo arrastrar entre las palabras por los sentimientos. Palabras apresuradas, repetidas, de procedencia desconocida. Yo, distante, sólo las contemplo. En un momento desprevenido se vuelven contra mí, con vida propia, y me emocionan, es entonces cuando paro el tiempo y las releo.
Ese trozo me es bello y entonces me deja inquieto, una forma de sentir la felicidad.
Esa inquietud, palpitos de excitación, que sólo produce verse frente a frente ante cualquier tipo de Belleza.

(Pintura, de El Bosco, prueba de que los viajes en el tiempo existen)
 

domingo, noviembre 26, 2017

Cita de Cartarescu

"Prefiero estar a su lado en poemas, en sueños, en recuerdos, allí dónde su imágen es estática e inofensiva" Nostalgia. Cartarescu

sábado, noviembre 18, 2017

Para aprender a mirar,

Sebastião Salgado- Brasil- Fotógrafo

Para aprender a mirar,

Hombres subiendo y bajando sacos de arena. La esclavitud de ser rico.
Pueblos con lanzas. Niños abrazados. Árboles sobre los que  se apoya el cielo.
Tantas realidades. Vida y muerte, el acostumbrarse a morir.
Nuestra historia es una historia de guerra. Lo contagioso del odio.
Esa tendencia al conflicto y también a la esperanza.
Destruir con la intención de crear.
Rostros, América, Africa, Asia, trabajadores, hambre, movimiento de poblaciones, naturaleza.
Pues eso, compromiso convertido .

Un testigo de la condición humana.
Documental LA SAL DE LA VIDA

Resultado de imagen de Sebastião Salgado

El viento del pacífico. Una casa de colores*

Compartimos el tiempo y el espacio en esa casita de colores. 230 colores cruzados, intensos y mezclados.
Nos acompañasteis por ese mundo de cielo azul y palmeras altísimas. Esa ciudad que quedo en un rincón de un país grande, entre el mar y una frontera. Casas de madera esparcidas y cruzadas por autopistas inmensas.
Muchas flores,  para siempre parte de nuestros recuerdos. Metal y dulzura.

Compartisteis miradas debajo de un puente. Esa tensión y esa tendencia al conflicto que es la historia y es el hombre. Contrastes, más flores. Gentes pintadas, apelotonadas, mujeres y viejos, perfiles fríos. Cabeza baja. UFW. Recuerdos en bronce. El dolor de la opresión y la separación. ICE y cruz, sangre. Cuantos carros ¡¡¡.

Con vosotros vivimos el viento en la cara, tras cruzar el puente. Olas contra las rocas. Leones marinos. Los niños corrieron.
Esa sonrisa de él tras el cristal, frente al mono, un plátano. “Bandido”.
Ese mural de colores que componía ella en cada ensalada. Sabor de América.”Bárbaro”
Mercado en la calle. Ostra metálica en el paladar, erizo y un batido verde. Sonrisas de sabores, una locura china.

Secuencias de entrada y salida, bloqueo y desbloqueo, sin dos iguales. Encontrando espacios para la improvisación entre esos renglones rectos en la hoja, tu cuadrícula. Un cable de música, “- la siguiente a la izquierda”, “¿A la izquierda???”, “(- Olvide otra vez poner la tarjeta)”.

Un niño grande retando a dos niños pequeños, otra oportunidad para una carrera. No va con ella, la niña quiere ser chica. Un niño sentado al borde de la pierna. El tacto del cariño que sobrepasa la mirada. Cuando no hace falta decir.

Gracias por compartir con nosotros el Pacífico, vuestros corazones inmensos, vuestros caminos.
La Belleza en la puesta de sol, ese naranja que lo tiñe todo y vuelve negro el tronco de la palmera. Luna que llega silenciosa por la espalda. Tras un fado, un piano de Satie. Le emoción en las lágrimas de Ella, cuando el corazón se vuelve transparente. “Quedaron unas setas en la nevera, siempre hay que dejar algo pendiente, como ese mercado en Tijuana”.
Nuestra época, la de Pablo Cardenal.

Gracias por compartir vuestra música, un sofa levantado, viajado, enfrente sin tele. Vuestra salsa de habanero. Esas personas que caminan a los pies de la ciudad, contornos negros, manchas amarillas en las caras y en las ventanas. Medalla antigua. Concha de piedra nueva. No veo lo que hay tras la ventana.

Cada mañana un encuentro con vuestras sonrisas, ese café Nica,… Melón de borde verde.
Entre la barba recortada de él y la poblada de Harlem, Marcos inmóvil. Ahí tras vuestra casa Pablo escribió su “Tercera Poesía del Mundo”: En el mar/ el día se va/ llega la noche/ se va el sol/ llega la luna (con 9 años ya ha descubierto que no hay más).

Gracias por mostrarnos tantos sabores, agujereando el coco. Garbanzos nadando sobre un mar de especies.
Nos fuimos y llevamos vuestro recuerdo constante hasta la flor alta en el desierto, sombras de árboles que parecen gigantes. Luego os volvimos a ver desde un balcón de airbnb y en el reflejo de los rascacielos. También en el mundo de Rivera y en el de Picasso, tras Giacometti y en la acuarela de Mori Kansai.

Ahora os reconocemos también al llegar a nuestra casa, entre piedra y verde. Sois tan sonrisa y caricia. Tan beso, tan siempre. Recuerdos impresos por aquel viento.

martes, octubre 17, 2017

A la vuelta de Armillán*

Un vértice entre montañas empinadas, tapiz de castaños y carballos apelotanados, empujados sin espacio. Laderas verdes por la falta del sol duro, debajo mar de sombras. Humedad de mil arroyos enredados que empapan el aire, el aliento y los suspiros.

Allí estaba “A casa da Pena”, paredes blancas y altas, frío constante, luz mínima. Entre piedras y olor a animales y a leña quemando. Las horas alrededor de la lareira cuadrada, ruido de fuego y humo desde la pared hasta el alma.
El tiempo contemplado por el Tío Antonio sobre el banco de la puerta. Terra de vellos y niños. Curas y amores clandestinos.

Arriba libros. Un detallado registro de los días, de la vida, de los años. Señalando ingresos y gastos, hoja tras hoja, milimétrica caligrafía. Cuentas de tocino, jamones y terneros. De tierras trabajadas con sudores de unos y otros. Patatas, cereales o hierva. Líneas que dibujan la esperanza de pasar los inviernos.
Palabras que van, vienen, vuelven y se repiten.

Aquel padre que hacia traer periódicos y libros al fin de aquel mundo. Un hombre a quien todos fiaban. Vivió bajo el temor de un dios, una mirada seria, erguida, y tímida. Repartió pecas y piel blanca. Piernas y brazos duros que lo caminaron todo renunciando a sueños. Desde un lugar dónde los destinos no se elegían. Movido por la fuerza irracional del deber.

Una mujer desconocida, rodeada de un silencio discreto, para la que no estaban reservados capítulos en la historia. La imagino en un no parar, en un hacer sin tiempo para las caricias. Piel de manos duras. Miedos vencidos por la fuerza de la realidad, como una Úrsula que todo lo contempla y sabe.

El camino hacia la escuela en la mañana y de vuelta en la noche. En un ansia de aprender y conocer, horas multiplicadas. No poder parar, no poder dejar de leer. Aquellos niños varones arrojados a una batalla contra el tiempo que se convirtió en una obsesión y también poco a poco en sus celdas.

Aquel profesor traído por la República a un Monseiro escondido en los mapas. Desde allí fue dónde dibujaron horizontes por encima de las montañas empinadas y derribaron los muros de la Vega de Sarria. En la escuela se derrotó al destino de aquellos niños con mil complicidades todas necesarias.

Pepito de Armillán heredó del trabajo del campo la capacidad de esfuerzo y trabajo sin fijar límites. Vivió desde un lugar dónde la queja no tenía sentido, como tampoco lo tenía interrogar al ánimo o hablar del tiempo. Cuando el reflejo y la inercia de tirar tiene más fuerza que ningún confort desconocido. El arraigo también pronto dejó de ser una carga para un niño desterrado en Lugo.

Nacer en tierra de frío sobre el sentimiento se vuelve una ventaja, como para las piedras. La mirada hacia lo infinito, la fascinación por lo que viene y la esperanza por lo que vendrá. La actitud es buscar. Allí se acostumbraron a escachafar y apuntar en los libros, a empezar a escribir sus historias con sus dedos gruesos.

Aquella generación blindada contra el dolor por hermanos de niños muertos. Un pueblo que vivió y contempló la vida desde otro escalón. Libres de ataduras a lo material y a lo sentimental. También todos por momentos se vieron sorprendidos y abatidos por la emoción. 

Nuestros padres dieron sus primeros pasos hundiendo los zapatos en la tierra húmeda, charco que salpica la parte de atrás de los pantalones. Recorrieron mundos cercanos y lejanos, fueron los primeros en cruzar muchas fronteras. Ahorraron siempre tiempo de celebraciones y descansos.

Todas esas claves son ahora contempladas por nosotros, mil años después, como extraños fascinados. Descubriendo piezas mezcladas de un puzzle que además de nuestro propio origen es el del pueblo compartido de Galicia.

domingo, junio 04, 2017

"El pasajero puso la otra mano sobre la rodilla de Clara, y ella acercó la suya y ambos se comunicaron oscuramente por los dedos, por el tibio acariciarse de las palmas."
Bestiario. Omnibus. Julio Cortázar