domingo, mayo 24, 2020

La primavera en la que se paro el tiempo.*

Vivo en la primavera en la que se paro el tiempo. Ahora recorremos bosques y ríos que antes permanecían ocultos. Es como si el futuro, de golpe, haya dejado de perseguirnos. Nuestros vecinos ya no son desconocidos. Abandonamos esa ansia de marchar, de estar siempre buscando bosques lejanos y altísimos. 
 
El horizonte ha vuelto a ser un espacio real, una pared infranqueable. El cielo se ha convertido en una enorme pantalla donde se proyectan ciclos de nubes blancas, y de noche mil estrellas y una estación espacial internacional. Hemos dejado de ir en coche y ahora caminamos en círculo. 
 
Vivo en el tiempo presente, entre un griterío de pájaros que inunda el campo, verde, brisa y luz. El mundo ha dejado de correr tras una ventanilla. Algunos se han vuelto voces, textos e imágenes. El mar se ha convertido en un deseo. Otros se han vuelto invisibles.
 
Sin embargo, es posible que ésta no haya sido una primavera diferente, sin más cielo, ni más colores y horas. Puede que ésta haya sido como todas las primaveras que hemos dejado pasar. Esas primaveras que vivimos como inviernos o veranos, sin poder parar, sin escuchar pájaros, sin encontrar el tiempo suficiente para contemplar el cielo y las nubes. O quizás no, quizás esta primavera sí ha sido es una primavera diferente, nos prohibieron los abrazos.

lunes, marzo 30, 2020

Crónica desde Santiago*



Ayer crucé la ciudad de sur a norte. Un motivo justificado, no había nadie. Las calles estaban desiertas, los coches habían desaparecido hasta de las aceras. No encontré gentes ni en las ventanas. Todos los locales estaban cerrados, algunos como con bandos blancos en sus puertas.

Era el miedo a que nos toque lo invisible, eso que no podemos controlar, eso que antes era maldición, castigo o magia. Ahora sabemos que es una cadena de ARN diminuta que salta de unos a otros y se replica en nuestras células. El miedo a la incertidumbre es el mismo. Todos somos sospechosos. Todos escapando, escondiéndonos unos de otros. Vivimos separados y seguimos sin encontrar el silencio, debíamos de traer mucha inercia. Todavía no sabemos cuándo ni dónde vamos a frenar, qué mundo nos encontraremos cuando volvamos a salir a la calle y tropezar, quienes estarán.

Recuerdo cuando el abrazo era la calma y ese momento fugaz. Ahora permanecemos paralizados, sólo el entretenimiento resiste como un ruido amplificado del pasado. Ya se nos hace largo este texto y eso que nos han hecho parar.

A nuestra espalda está floreciendo la primavera, los pájaros no saben qué nos pasa. Los patos han vuelto y cruzan mañana y tarde siguiendo el recorrido del río, cuando pueda los seguiré.

domingo, febrero 02, 2020

Incapaz

Intento retener la calma suficiente para no leer demasiado rápido los versos, sin poder acabarlos. 
Intento rescatar el silencio que me vuelva a permitir escuchar la belleza y dejarme ir. 
Intento , derrotado, parar y apagar los destellos vacíos a los que me he vuelto adicto, alejarme de los ruidos y de esos saltos contínuos entre los sabores. 
Enfrentarse sin fuerza a una vida que te arrastra.
Otro intento de recuperar la batalla que me mantiene ciego, sordo y muerto.

lunes, diciembre 30, 2019

Sobre los infiernos*




No es infierno el día en el que la caricia se limita a un roce.
La lluvia repetida, el miedo, la incertidumbre, la ausencia de color no es suficiente infierno para los espíritus libres.
Esos espíritus con reflejos innatos, con esa capacidad de saltar y de no dejarse nunca llevar por la corriente. Esa capacidad de los no alineados de estar siempre sobrevolando y hacer volar a otros.
La inercia ensayada de sonreír, esa inercia de abrir los ojos y hacerlos brillar ante la sorpresa, esa capacidad de crear, de descubrir.
Podrá ser dolor, podrían ser lágrimas, podrá ser cristal o noche fría.
Podrán ser lanzas repetidas, como secuencias crueles, las que pueden llegar a crear esa ficción de que no hay camino, como la ficción de que la noche ha borrado el horizonte y mañana no habrá día.
Perdidas, ausencias sin justificar, una espalda, alguien que no escucha, otros que no están. Dudas.
Giro, perfil, paso decidido, furia, una mirada buscando, la belleza. 
Decididamente hay espíritus para los que no hay infiernos.

domingo, diciembre 02, 2018

Crónica desde Bohemia*

Paréntesis en el frenesí de los ríos que nos llevan. Tirabuzones en un otoño infinito. Puerta abierta lo suficiente para que después de las piernas arrastráramos los cuerpos emparejados.
Madrid es un horizonte inmenso de tejas, de tejados de aguas imposibles y buhardillas triunfantes. Edificios apelotonados que desde la terraza se ven como fundidos en uno, por diferentes épocas. El lujo y la patera.
Abajo las calles estrechas, aceras que separan un pelotón de tabernas, de historias de risas, esperanzas y penas. Calles de guerras olvidadas. Trozos de barras desperdigadas en diferentes bares, como piezas de un puzle, unidas por clientes que entran y salen de forma incesante. Grifos de cerveza comunicados por un sinfín de tuberías bajo las calles. Cafés elegantes de mantel de hilo y garitos enterrados.
Almas inquietas que peregrinan por sus calles buscando rastros de novelas, de ilusiones, de emociones deseadas. Tiendas de lujo y otras abiertas veintiséis horas al día. Un lugar desde dónde el cielo mira ya incrédulo.
Madrid es la Bohemia dónde expresar y desarrollar lo oculto, esos yos escondidos de lágrima fácil. Emociones ante la luz o la sombra de la música o del silencio. La oportunidad de vivir de otra forma, de tejer otro cacho de vida aunque sea metido en un paréntesis. Ladridos lejanos a nuestras espaldas. Miradas cómplices rodeadas de pasos. Así deben de ser los días después de la fuga. Calles para perderse sin motivos.  Rodeados de mil señales sugerentes, de sueños y descanso. De paz con miedo. Muy cerca otras almas vagan desde el espanto.
Así, como otros, se dejan llevar por la sin razón que produce no parar de caminar por las luces y la oscuridad de Madrid.
(Y Nuria se quedó dormida en el teatro)
--> -->

lunes, noviembre 05, 2018

Crónica de Lisboa *

Uma casa geminada com portas enfrentadas e abertas, de tetos altos. Rodeados de pinhos mansos que dão ananases nacarados. Árvores que entopem um bosque que o inundou tudo. Só deixaram os caminhos de pó seco. Caminhos pelos que marcar o passo.

Nesta terra lá foi o tempo de engarrafar o vinho. Ao não contar nos meses não puderam contar nos anos. Também não pôde ninguém ler as anotações em xiz na adega escura. Estavam tão tranquilos e melancólicos, ...nata na boca. Mas como se fosse um milagre o vinho nunca chegou a avinagrar-se e se fez doce. Então, para celebrá-lo, uma mulher - teve de ser uma mulher- plantou rosas ao redor da videira.

Mar sem espuma, de sal, horizonte esvaecido. Mar sobre areia fina, sem algas nem vida aparente. Mar de borbulhas, mar muito frio de vento.

Esta terra late em um tempo contrário, a um passo mudado, em algum momento todo se deveu de dar um golpe ao tempo. Aqui não são os soldados os que dão os tiros. Aqui são os soldados os que choram com a música, os que procuram os olhares das garotas que passam. Aqui são elas as que repartem flores.

Um local para subir correndo ao elétrico, para imaginar. Espaços nos que achar ver ao Fernando Pessoa em um cantinho e reconhecer mil decorados de fados, de filmes por voltar a sentir. Uma oportunidade para percorrer as mesmas encostas de Granada e reconhecer o bairro judeu, imaginar mil barcos no porto saindo para as índias. Isto que foi o centro do mundo.

Queijo que se derrete sobre o pão. Oliva dura. Arroz longo. Peixe. Sardinha gordurosa. Caldo verde.

Aqui todas as casas têm um espelho oval no salão, dizem que é para se encontrar com um, para cruzar olhares, mas pode que também sirva para fixar sorrisos. Esse silêncio que respeita e não inquieta, é Lisboa

Com a ajuda de José Ramom

domingo, octubre 14, 2018

Crónica desde Amsterdam

Donde no hay montañas hay cielos inmensos.

Grupos descalzos alrededor de bolsas abiertas, dando la espalda a la música. Hexágonos perfectos, simétricos, completando cada espacio vacío. Todos hablan en silencio, con sus cervezas, con diferentes colores de piel y ropas, mil idiomas mudos de gestos y sonrisas.

En las calles hay cortinas abiertas y luz en las estanterías llenas de libros ordenados. Gatos que vigilan los pasos desde detrás de las ventanas. Bicicletas aceleradas por railes invisibles. Rutas caóticas que las luces tejen en la noche. Agua que corre despacio, entre patos. Un mar calmo y frío, por la noche un viento helado.

Flores, cómo de mentira, como un pretexto para hacer un dibujo. Una excusa para dar un paseo a buscarlas. Sillas en la calle, girando al sol, hierro fundido, espacio minúsculo. Esquina de olor a café.

Un lugar donde tolerar siempre fue una actitud. Esa inercia de ante cualquier duda, dejar. Donde llegaron judíos escapando de Lisboa, desde donde marcharon a seguir buscando. De iglesias reformadas. Un lugar donde los pintores no pintaban reyes ni papas.

Entre esas calles viven hombres atrapados por su cultura oculta, herencia de rostros previos, de anhelos colectivos, de pérdidas y de conquistas. Lastres abandonados. Rastros de libertad. Desde donde una y otra vez surgió el individuo.

sábado, septiembre 01, 2018

Encuentro de Paula y Dionisio, Portugal

Una casa pareada con puertas enfrentadas y abiertas, de techos altos. Rodeados de pinos mansos  que dan piñas nacaradas. Arboles que tupieron un bosque que lo inundó todo. Sólo dejaron los caminos de polvo seco. Caminos por los que marcar el paso.

Dionisio encontró el espacio para sus lecturas, para enfrentarse con el sol frente a frente, ojos cerrados en un silencio imposible. Piscina. Niños tropezando y corriendo, inquietos. Ropa tirada. Cantos en la ducha. Encuentro con el fuego y la carne sobre las brasas.
Paula encontró la oportunidad de reír dejándose rodear de amigos y sacudir así el invierno. Se vio llenando montañas de carros en un gran supermercado. Vio otra oportunidad para competir y ganar. Imaginó mil playas. Montó obras de teatro.

En esta tierra se les pasó el tiempo de embotellar el vino. Al no contar los meses no pudieron contar los años. Tampoco nadie pudo leer las anotaciones en tiza en la bodega oscura. Estaban tan tranquilos y melancólicos, …nata en la boca. Pero como si fuera un milagro el vino nunca llegó a avinagrarse y se hizo dulce. Entonces, para celebrarlo, una mujer - tuvo que ser una mujer- plantó rosas alrededor de la vid.

Dionisio tiene prisa, se le hace larga la espera, imagina la próxima comida, el próximo encuentro mientras espera este que está por venir. Ha programado y hace calor, calor de incendio. Busca su dispositivo electrónico,.. esta vez no lo encontró. Paula le dio cartas y ruido de dados y apagó el correo electrónico de su ordenador.
Dionisio como un reflejo, buscó una televisión, quizás para ver el telediario, Paula le puso un musical que le hizo caer y recordar.

Mar sin espuma, de sal, horizonte difuminado. Mar sobre arena fina, sin algas ni vida aparente. Mar de burbujas, mar muy frío. Viento.

Recorren las calles de Lisboa. Dionisio encuentra restaurantes y guías, el mejor sitio para parar, Tripadvisor no falla. Mientras Paula subió corriendo al tranvía, por las calles imaginó qué sería cuando creciera. En un momento creyó ver a Fernando Pessoa en una esquina y reconoció mil decorados de fados, de películas por volver a sentir. Subió las cuestas de Granada y reconoció el barrio judío y vio mil barcos en el puerto saliendo para las indias.

Esta tierra late en un tiempo contrario, a un paso cambiado, en algún momento todo se debió de dar un golpe a la vez. Aquí no son los soldados los que dan los tiros. Aquí son los  soldados los que lloran con la música, los que buscan las miradas de las chicas que pasan. Aquí son ellas las que reparten flores.

Dionisio señaló siempre lo apropiado y lo conveniente, hizo las cuentas justas. Se preparó el desayuno perfecto, el café perfecto, el gintonic perfecto.
Paula los hizo actuar y les obligó a quitarse las caretas para poder ser personajes reales y libres, los niños y todos volaron.
Paula le sirvió un vino y otro vino, mezclado con cervezas y un jamón inmenso que otra vez se terminó. Por las noches su música, sin que esta vez se escuchara el mar, logró sorprender e inmovilizar a Dionisio y que este no fuera a dejarse vencer por el sueño. La música de mil emociones recopiladas, compartidas, recuperando rituales que nadie se atreve a romper. Fondo de conversaciones y silencios.

Queso que se derrite sobre el pan. Oliva dura. Arroz largo. Peixe. Sardina grasienta. Caldo verde. “En Portugal los postres son lo mejor”.
Aquí todas las casas tienen un espejo ovalado en el salón, dicen que es para encontrarse con uno, para cruzar miradas, pero puede que también sirva para fijar sonrisas. Ese silencio que respeta y acoge, es Portugal


Al despedirse, Paula le dijo que no se fuera, que abandonara su rumbo, que se quedara. Le ofreció otra partida, otro baño, una playa por descubrir, un restaurante aconsejado, quizás la oportunidad de encontrar algún tesoro perdido y ganar así otra copa. Pero Dionisio encendió su coche, reconoció su música, esa del atasco de la mañana y del partido del fin de semana.
Fue el GPS quien se los llevó.

Porque todos somos un poco Paula y un poco más Dionisio, nos vemos en Londres.

Absalóm ! Absalóm !. Willian Faulker

Una historia de prisioneros de una tierra.
Cuando las casas oscuras se convierten en tumbas.
Una sociedad destinada a ser vencida, al sur.
Almas dominadas por fuerzas que no ven.
Cuando la cultura ciega y ata a través de generaciones.
Personajes que renuncian a sus vidas. Que renuncian a su libertad por ficciones como la tradición, el honor, el orgullo  o la lealtad.
Emociones anuladas. Almas cautivas.
Sin espacio para razones, ni para el dolor, ni para las risas.
Personajes condenados a vivir entre arañazos y sombras.

Hasta que un día de golpe, todo deja de tener sentido, cae y desaparece.
Todo se hace olvido y ya no importa.
Entonces los que vienen, no pueden entender, ¿cómo pudo ser?.

Menos mal que no hay que elegir entre Aureliano Buendía y Thomas Stupen.
Un zurcido de una intensidad inabarcable.

jueves, julio 19, 2018

Que placer !!!*


Escribo para saborear el lápiz en el papel,
ese rascar de ir y volver.                Café o mate                 Tras
Un impulso primario. Leerme y descubrirte.
El placer de esperar y contemplar como aparecen,            Hierba
letras y palabras, como un grifo medio abierto.
Flujos intermitentes de respuestas.
El milagro de que tengan sentido o no.
Dictados desde lo oculto.
Es como acercarse y descubrir que pasó.
Saber si se produjo la reacción
si las manchas formaron una pintura, un sentido
Ese asombro y la emoción de descubrir                                  Moito
Ese reencuentro ni forzado, ni premeditado
Ese te dejo aquí escrita, ya volveré a quererte.                    parte
Ya volveré a sentir el amor o el deseo,
si me dices algo
o al menos a revivir la emoción
con la que te descubrí.                                                         ya
Sal amarga. Pasado o vivido.                                               sal
Y así vais tirando de mí a través de las notas,
¿será ese piano?                                                                   rosa
Sí. Tal vez. Silencio. Desnudo. Tres.
Viento que transmite la nota tras golpear el metal.
Es ese placer al que estoy enganchado,
a esos momentos en los que dejo de decidir.                                                                                                                                                         onda
                                                                                sal

O momento*

Lugares imprescindibles,
como as persoas.
Eses momentos
que se volven beleza
sin mais.
Entón  tí,
os acaricias, intentando retelos
Páraste, paladeas
cada segundo.
Un escribir mais amodo,
separando as letras e os espazos.
Falar mais baixo
ata quedar calado.
Trazos, manchas, anacos.
Respirar mais superficial
Non levantar a cabeza
medo a romper a maxia.
Mirar a modo. Parado.
Música
que se volve silencio
Así alárgase o tempo
ata volverse infinito
no recordo

miércoles, julio 18, 2018

A mis hijos, que dejaros?


Varías palabras quería dejaros. Las sonrisas, las caricias, los abrazos profundos los dejo en el recuerdo. En el aire inmenso del hogar, en las noches sobre vuestras camas, acariciando pelos y espaldas, vosotros tan inmóviles. Los besos quedaron depositados en vuestras pieles, nuestras manos selladas. Con vosotros sentí el escalofrío que paraliza, recorrimos juntos el camino precioso de descubrirnos. Día a día, año a año, en los deseos futuros y en los recuerdos. En los viajes, en los desayunos y en esos partidos. En los  sueños y en los miedos y preocupaciones. En la razón y en la sin razón. Disculpas por los enfados, por no haber sido menos yo y más con vosotros.

Ahora os deseo, sonrisas, mar sobre vuestros pelos soplando. Miráis al grupo y reconocéis al que tiene la pierna débil y la mirada caía. Escapáis del sonido gris, de verde bilis. Os veo con la mano abierta, paz y ojos cerrados. Vuestras casas encuentro y cruce para el descanso, un sitio dónde no preguntar ni reprochar, dónde hasta no querer ser. Vuestra sencillez frente al campo os permite recorrer los paisajes del silencio. Tiempos llenos de celebraciones de abrazos partidos y besos. En las noches mantenéis la vieja tradición de correr sonámbulos detrás de la belleza, en cada rincón, después de tirar la cada caja cargada. En cada viaje, en cada descubrimiento, en cada alma besada, deseada o amada. Os reconozco en ese equilibrio inestable y bárbaro, en ese deseo de que no dejeis de dar.

Caminos contrarios*

12 de marzo del 2017

Tu dirección. Naciste en la sin razón de la revolución, en esos años añorados de oponerte a todo lo establecido. En incomodar, ese tiempo de derribar mitos, de no poder más y romper compartido. Te emborrachaste en las luchas distantes, cercanas, oscurecidas, hasta en las desconocidas.
Saltaste de aquí y de allí, un no parar haciendo los años, las décadas y siendo historia. Comprometido. Compartiste caminos con espadas, rompiste cristales. Volviste sentimientos y emociones en palabras, en belleza de verso y en cánticos de abrazo y beso. Fuiste causa y disculpa.

Pero tu lucha se fue apagando, conformando en el aplauso, en las mesas repletas, en el éxito y en la crítica de tus enemigos. Te convertiste en lo esperado, en la ansia de los que no leían tu poesía. Preso de un ayer. Ese correr partido, ese no poder desaparecer, ese no querer. Terminaste como casi todos los que rompieron muros y partieron culturas. Como los que no murieron asesinados por los que creían con más pasión.

Tú no fuiste de los frustrados, de los que lloraban mirando atrás, sueños y revoluciones no cumplidas. Los fracasados. Llantos fríos hasta el suicidio o hasta ocultar sus historias hablando del tiempo.
Tu fuiste de los camuflados tras tu barba tras una chaqueta roída hasta que te convertiste en bebida rancia, en propia resistencia. Desde ahí, tu camino fue hasta la nada. Que pena no haber caído en el olvido veinte años antes, no haberte convertido en ermitaño o sinceramente no haberte perdido.

De todas formas, gracias por tus poesías.

domingo, julio 08, 2018

Algo más de nosotros

En este marco encuentro vuestras sonrisas atropelladas, vuestra excitación, golpes de ida y vuelta. Montón de vida apelotonada. Tres, seis ojos, que se cruzan y se funden en una reacción que une, en ese espacio de la emoción que atrae. Abrazos sin darlos, cercanía que llega y toca, que marcha, que duele por otro. Que busca, que espera una y otra vez, alargando los encuentros.

Tu mirada seria. La distancia de tu mundo. El papel que por momentos te aleja, ese ejercicio también de ida y vuelta. De cruce de realidades. De balanza cada vez más inclinada. Cada vez que vas te cuesta más volver y sin embargo cada vez exploras y te pierdes con más intensidad enredado en las sombras profundas. Pero cada vez más lejos, más caminante solitario, menos temeroso. Más tú, más no puedo, mas sé que no puedo llevarte.

    Ojos rasgados. La calma, la paz y la furia controlada. Manejas los silencios y paras el tiempo. Sueños profundos e inmóviles. Caricia sincera. Risas desenfrenadas, sin control. Sonrisa profunda, cómplice cercana que llega y toca.

    Sonrisa continua. Abrazo, mirada que busca y que sueña con facilidad. Habitas un mundo paralelo del que vas y vuelves manteniendo siempre un pie en cada lado. Imaginario inmenso. Mirada hacia el más allá. De cuando en cuando te encierras en una jaula de tozudez, dándote golpes contra la pared.

    El cariño y la caricia que busca y siempre encuentra, se queda y toca. Besos profundos, mejilla que busca pegarse y entonces se queda inmóvil. Buscas atento en cada signo a una señal que perseguir, que atrapar. Si no es, te duele

Crónica desde Como

La casa es un mosaico de recuerdos apilados. Montones de revistas para personas curiosas que buscan respuestas y dejarse sorprender por esos relámpagos del conocimiento efímero. Colecciones de libros de utopías perdidas en la historia, pensamientos para siempre abandonados. Láminas con dibujos de animales, rostros de personas. Una cafetera en la cocina le da a todo un sentido de hogar vivido. Una cafetera vieja con la tapa torcida, tantas veces sobre el fogón de gas. Techos altísimos, marcos inalcanzables. Suelos de barro cocido. Ventanas con contras, cortinas como faltas hasta el suelo.

Fuera nubes que iluminan en un gris claro. Arcos de piedra escalados por el verde pocho del invierno. Calles también de piedra, paralelas y perpendiculares, abiertas a patios amplísimos, patios habitados por esculturas desnudas con mirada evasiva, que no cruzas. Y almas, personas que caminan tranquilas que paran y hablan y llevan bolsas y sonrisas.

Dónde te escucho? tras la puerta, por el teléfono. Lámparas que con su luz no alcanzan el techo. Une espejo multiplica el fondo y el ancho del salón. Seguro que en algún momento corrieron por aquí niños y sueños y esfuerzos. Seguro derramaron lágrimas por dolores hondos o por tragedias no superadas. Se durmieron tantas veces, se besaron profundo, se enfriaron y escucharon la lluvia sobre el tejado. Vientre desnudo, agua sobre el pelo, cuerpos quietos en la ducha, hipnotizados  por  el vapor.

Seguro que la casa también se vio invadida en otros momentos por largos silencios, por humedad callada, por ausencias. Por libros que esperan sin mas. Por ellos pasaron veranos, estaciones, frío helado y viento tórrido. Años y siglos que contribuyen al progreso, a los sueños cumplidos. Objetos de familia, regalos de visitas acumulados a lo largo de la vista.

Pedazos de belleza atrapada que van formando olores que se vuelven tenues y perpetuos. El sonido de unas campanas que recuerdan la tradición, lo que perdura, lo que nadie se plantea cambiar hasta que de repente desaparece. Las piedras inmóviles, las vidas repetidas, cuando un nieto sigue las mismas rutinas y tiene los mismos horizontes que su abuelo. Todo lo que nos ha hecho llegar hasta aquí, todo lo que nos permite soñar lo que esta por venir, ese acelerar de cambios incorporados al instante. Son esas piedras las que nos harán perdurar y seguirán en la escena de ese futuro siempre imaginado. Tantos muros rotos, tantos mártires para romperlos. Tanto azul y luz, tanto vértigo superado, tanto terror, cuantos creyentes al final vencidos.

La Italia que ha acumulado belleza, atraído talento creador, financiado obras inmensas. Sal y tomate sobre el blanco salpicado de orégano. Aceite verde de sabor amargo. Diente que muerde sobre un trozo de pan. Paso, tantos pasos, que van y vuelven sin más.

Gaviotas entre picos nevados. Circos que rodean lagos inmensos. Hombres y mujeres que a lo largo de los siglos contemplan hipnotizados la masa inmensa, la calma del agua. Saborean aquí, entre montañas el mismo magnetismo que los africanos sienten por el océano. Ese magnetismo que te hace parar, levantar una casa y condenar a las siguientes generaciones a que esto pase a significar algo y a recordar y a volver. Disfrutar de la misma visión, de la calma, del aire gélido del atardecer, de la niebla que difumina lo real y anticipa soñar.

Sombras superpuestas, contrastes de luz y oscuridad, paleta pastel. Unos patos sobrevuelan a baja altura en algo que se convierte en algo más que en salto. Pareja comprometida. Cuello estirado. Figura esbelta surcando el fondo del cielo reflejado en el agua.

Le espera*

Tener que parar, una espera que se prolonga y permite descubrir.  Desde un mundo acelerado, generaciones mezcladas, conectadas, compartiendo el tiempo. Habitando espacios reales y virtuales en un equilibrio simultáneo, un espacio que antes ocupaba el mundo imaginario, los mitos y las leyendas.

¿Qué sentido tiene ahora la fuente, el buzón de correo amarillo y el escaparate de una tienda real?. ¿Qué sentido tienen ahora los recuerdos?. ¿Qué sentido tiene ahora que te busque, que espere, que no tenga forma de encontrarte?

Que lo vuelva a tener que confiar todo al destino.

Ahora que rechazas cualquier contacto , protegida por tus auriculares bien sellados. Con tu paso acelerado, siempre entretenida. Ahora que evitas cualquier mirada con tus ojos rehenes de una pantalla que te  refleja. Ahora que tu tiempo esta atrapado. Una llamada oportuna deja ir la última oportunidad, mi impulso de decirte. Mientras, sólo levantas la vista para evitar tropezarme, quizás, ni me has visto o es todo disimulo y disfraz dónde guarecerse. Cuello doblado hacia el suelo.

Ahora que perdimos la capacidad de estar, esperar, sin hacer más.

Por qué entonces siguen teniendo sentido las hojas de los libros , las pantallas con el cursor parpadeando, esperando una señal, un torrente de impulsos. Por qué además de escuchar todavía descubres que puedes cantar y dibujar con lápiz sin borrar, como real. Por qué sigue teniendo sentido decidir apagar, poner el modo vuelo sin volar. Buscar tu mirada, tu sonrisa y tu mejilla.

Por qué todavía es la belleza que me toca la única que me deja inquieto.

Ciudades de destino y despedida. De foto. ¿Dónde quedo el ermitaño?, lo casual, la mirada al cielo, a lo alto. La sorpresa. Si somos tantos ¿qué seguimos esperando?.

Dos días después;

De vuelta, campos olvidados, campos verdes, sus sombras. La música en la noche, el cansancio en los huesos. Risas y desesperanzas. Ríos. Atrás la ciudad, ese impulso vital, esa sal, ese correr, un mundo de bares y sonrisas.
El encuentro, destinos tropezados, rumbos dispersos, un montón de huellas. Convergencias y divergencias. Comparto y no comparto. La noche y el fluír del río. Tiempos que ahora quedán atrás mientras el tren vuelve.

En el tren, de espaldas*

Ves pobreza y miseria desde lo alto. Verde intenso bajo el gris. Campos trabajados. Tierra viva.
El tren sigue, hay pobreza y miseria en esta la periferia. Pinos, toxo en flor, túneles necesarios. Gentes que van y sobre todo vuelven.

Al fondo las vacas, los ríos que bajan,..que siempre bajan apresurados, como nosotros. Como el tren, tras un listado inmenso de cosas pendientes. Un suspiro. ¿Quien controla esta velocidad?

Rocas. Cumbre quemada. Por un momento el hombre ha desaparecido, ya no está. Todo se convierte en bosques verdes, caóticos, desordenados. Quizás en ellos hay personas - Deben de estar camufladas.

Sigues con velocidad, otro túnel y más cosas. Nube que cae sobre la tierra. Puentes cruzando la naturaleza.
Dibujarías un paisaje, varios árboles al fondo, bañados por una acuarela de gris, gris difuminado que en el borde se hace blanco y negro. Frente y perfil.

Creo que vas tan rápido que estas llegando, quizás estes pasando, hasta puede ser que ya hayas dejado atrás el lugar dónde había que parar, quizás ya se perdió el momento.

Aquí todavía es otoño, todavía hay árboles con hoja marrón, casi gris, sin primavera. Campo sin sonrisas. Y más amarillo, ese toxo que dibuja luz en el campo, sobre las lomas. Color en movimiento a tu paso. Trazos. Trazos amarillos, paralelos. Los árboles en cambio están tiesos, inmóviles, amarrados al suelo.

¿Dónde está? Dónde su presencia, dónde sus labios cortados, su timidez que sólo rompe su sonrisa.

Ahí, ahí hay un prado entre bosques, hierba nueva, tierra llana. Y volvió a pasar el tren y quedó atrás el camino. Una, muchas vidas pasando por delante. ¿Dónde esta el sentido? Al fondo hay luz y cuatro picos y una estaca roja. Con el bolígrafo observas más, ves más, aunque tu mirada no se pierda en el horizonte. Así pasa tu tiempo y haces viaje.

Respiras y vuelves a acariciar.
Evitas los lazos, la cercanía íntima, acercar el sentimiento, crear dependencia, y corres y faltas. Por eso te gusta el tren, porque no para, porque subes o bajas, y tú subes y sigues. No paras. Huyes.

Te sorprendes en otro asiento, un intercambio, ahora de frente, ves pasar los mismos campos. Como si los trazos cambiaran de dirección, como si todo estuviera iluminado diferente, a contra luz, como si todo lo que antes tenía sentido y profundidad se volvieran ahora contorno repetido, sombras que dejas atrás.

Todos permanen en silencio, contemplando solos, solos en este barco, cómo si fueran a cruzar un océano en tormenta. Tan cerca y tan distante. Ese traqueteo sin ritmo, atropellado, y esa puerta y ese golpe que rompe el secreto. Ese aire de ventilador usado, de peluquería de barrio con un montón de clientes. Nadie dice a dónde va, ni de dónde escapa.

En el tren como en un retiro en los recuerdos. Un olor, un “te quería decir algo y no tuve el valor”, la búsqueda de una disculpa desesperada. Cuando otras formas sin importancia te hicieron perder el momento único, por otro repetido ya olvidado. Ráfagas, historias acabadas de cristal y frío.
Quién pudiera volver a  tocar el cristal, volver a reparar el dolor del frío. Quién pudiera recuperar los abrazos no dados. Esos instantes en los que nada pasa alrededor. Fresco, cabellos y mejillas, silencio que evitas, tus momentos.

Ahora llueve. Las gotas se deslizan sobre el cristal, en descomposición, y corren y van y cruzan. Y todo esta tan gris y sigue el traqueteo que te empuja, esa excitación que no te deja ni parar ni dormir.

Ya me dices, ya me hablas,… Aunque sé que probablemente no me dirás, ni me hablarás.

Esa necesidad de compartir, de decir, de no dejar. Para otra vez ponerte a bucear entre papeles, en tus lecturas, en tu silencio. Sólo. Aislado. Distante.

Tierra clavada a una silla. Tiempo exprimido. Luz clara, blanca, bajo ella escribes, trenzas palabras, oídos, recuerdos de prólogos viejos, de gente sabia. Si me dices, si me hablas.

Un túnel volvió de noche el día, como si de repente fueras en un vagón de carga. Y entonces perdiste las referencias de cuándo, de dónde, de porqué.

Tras la ventana. En ese espacio del vértigo de ser sincero y que se puedan desnudar los sentimientos mezclados con razones.

Si pudiera como tú*

Si supiera como tú, conectar todo en instantes, ver luces en el lienzo, sentir el dolor en unas frases.

Si pudiera como tú, saborear la música con mi piel y llegar a llorar con ese piano.

Si pudiera como tú, cerrar los ojos y oír el silencio, y poder navegar las sonrisas y los gestos, encontrar en ellos los motivos.

Si pudiera como tú, descubrir la belleza en cada momento, detrás de cada esquina y así tener los impulsos residuales para seguir latiendo.

Si pudiera cómo tú, volver las miradas en besos. Poder capturar toda esa energía, beber en esas fuentes que con las prisas otros no vemos.

jueves, junio 28, 2018

Arthur Rimbaud

No one's serious at seventeen.
--On beautiful nights when beer and lemonade
And loud, blinding cafés are the last thing you need
--You stroll beneath green lindens on the promenade.

Lindens smell fine on fine June nights!
Sometimes the air is so sweet that you close your eyes;
The wind brings sounds--the town is near--
And carries scents of vineyards and beer.